Eclipsados por Dios


El  pasado  lunes  21  de  agosto  se  vivió  en  todo  el  mundo  un  hecho extraordinario: el  tan  esperado eclipse solar total. Un eclipse solar ocurre cuando la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol, ocultando total o parcialmente la imagen del Sol desde la Tierra.  
  
Hoy  en  día,  gracias  a  los  medios  de  comunicación  y  las  distintas plataformas  digitales,  se  pudo también apreciar en distintos rincones del mundo. Y la verdad, impresionaba mucho más que el fenómeno en sí, lo que suscitó en las personas: algunos dejaron sus quehaceres para viajar e ir a lugares donde se iba a poder apreciar mejor, otros  habían  salido  a  realizar  sus responsabilidades  en  la  ciudad  pero  listos  con  sus  gafas para contemplar en la calle cuando sucediera.

Hay un Salmo, el Salmo 8, 2- 5 que reza así: 

"Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra! 
Tú, que afirmaste tu majestad sobre el cielo, 
con la alabanza de los niños y
 de los más pequeños, ...
Al ver el Cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado: 
¿qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides?"

Y uno los veía como dice el Salmo, como niños: expectantes, asombrados, mirándose con picardía con el que tenían al lado que tal vez ni siquiera conocían. Todos estaban dispuestos a detenerse para ser testigos, desde  la  baldosa o metro cuadrado donde estaban. Permanecían  mirando al Cielo, apuntando sus cámaras al Cielo que los tenía cautivado. 
Y llegó  el  momento,  y  con  él  un  gran  silencio  de  toda  la  gente, mientras  permanecía  el eclipse. Ya después, sólo se escucharon gritos de júbilo entre abrazos cargados de emoción. Quedamos  atónitos  en  nuestra  pequeñez ante  tanta inmensidad.

¿Te acordas cuando fuiste eclipsado por Dios?

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