Somos parte de una gran Obra


Mientras caminaba, divisé a lo lejos, tal vez a unas dos o tres cuadras de distancia, un  gran edificio en construcción.  A lo alto se observaban varios obreros  trabajando.  Cada  uno  haciendo  lo  que sabía  o  quien  sabe,  tal  vez aprendiendo lo nuevo.  

¿Cuánto tiempo lleva semejante obra, no? No se alcanza de la noche a la mañana,  es  más,  el proceso  de  construcción  en  realidad,  podríamos  decir  que comienza  con  el  sueño.  Luego  sí  se realizan  estudios,  investigaciones,  se plasma el proyecto en los planos, se encuentra el terreno apto, etc.  Y  en  concreto,  todo  edificio  empieza  a  construirse  con  la  excavación  que permitirá  la cimentación,  y  será  la  base,  el  apoyo  del  futuro  edificio.  Leí  por ahí  que  ello  conlleva  aprox. el  30%  del  tiempo  de  todo  el  proceso  de edificación.  Probablemente,  haya  días  donde los avances  sean  más  notorios,  otros  en  los que haya que apuntar a los detalles esenciales que pasan desapercibidos. Días en  los  que  el  clima  afecte  o  haya  que  aguardar  que  lleguen  los materiales o alguna máquina que se rompió.  Pero  lo  vale,  vale  esperar,  confiar,  perseverar  trabajando  en  lo que  cada  día propone.

Ver éste paisaje, era toda una paradoja: por lo diminuto de los hombrecillos y lo imponente de la obra, ambos parte del mismo cuadro.  Y  es  toda  una  semejanza  con  la  Vida.  Somos  pequeños, somos  como  vasijas de  barro  pero  Dios  nos  ha  hecho  parte  de  un  Gran  Obra  y  así  de  igual magnitud es la que está haciendo en nosotros y a través de nosotros. Puede  que  haya  días  que  lo olvidemos,  que  estemos  tan  ensimismados  en nosotros, que nuestra mirada se acorte pero ... la Esperanza estará ahí, tocando la puerta, tratando de bombearnos el fuego de la Fe, para que volvamos a creer en el  Arquitecto, para cimentar nuestra Vida en Sus sueños, para que aunque no  veamos  toda la  obra  ni  los  resultados  ya,  confiar  que  Él  lo  está  haciendo, nos está haciendo. Y lo hace Bien. Fíjense  que  a  medida  que  se  va  a  avanzando  en  la  construcción  del  edificio, los obreros van subiendo y trabajando en cada piso y cada piso los va llevando hacia lo Alto. Somos  Obra  de  Dios y valemos  por  lo  que  somos.  Pero  esto  tengámoslo  en cuenta  para  nosotros,  pero  también  para mi  vínculo  con  el  otro  que  es  mi hermano.  Tengamos  presente  que  si  entramos  en  la  vida  de alguien,  estamos sobre  un  terreno  frágil  pero  a  la  vez  sagrado,  que  hay  materiales  dando vueltas,  que  hay  riesgos,  que  se  está  apuntalando  aquella  parte,  que  allí  hay que  hacer  todo nuevo,  que  hasta  capaz  se  hallaron  restos  arqueológicos  que han dilatado los tiempos... Dios nos ha dado el regalo de estar cerquita. 

¡Pero  que  pena  da  ver  una  obra  trunca!  Algunas  paredes  hechas  pero  que  ha quedado aparentemente  en  la  nada,  y  sólo  está  rodeada  de  yuyos,  de  anhelos sepultados por escombros. Tal  vez nos hemos bajado, hemos abandonado  Su obra  en  nosotros.  Como  diciendo,  "mmm  no, en  ésta  no  me  sumo  Dios, prefiero seguir como estoy".  A veces las cosas nos fallan porque las hacemos a nuestra manera, no a la forma de Dios. Pero la Buena Noticia es que Dios no abandona  Su Obra  y no   tendrá problema en llenarse de tierra para quitar los yuyos y que ya no sea un  sueño clausurado. 

"Ustedes  están  edificados  sobre  los  apóstoles  y  los  profetas  que  son  los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. En El, todo el  edificio,  bien  trabado,  va  creciendo para  constituir  un  templo  santo  en  el Señor. En El, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu"
Efesios 2, 20

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