¡Y que sea un Buen día!


¿Cómo me levanté hoy? ¿Cómo lo hago cada día? ¿Qué es lo primero que hago? ¿Voy al baño medio zombie, soy de los que pospone el reloj cada cinco minutos, de los que se quedan hasta lo que más pueden en la cama y luego desayuno de parado y ando a las corridas, etc.?

Presta atención, fijate lo que haces, visualizate: ¿te diste cuenta que despertaste en una cama calentita, que cuando tocaste la perilla se prendió la luz, que al correr las cortinas pudiste ver, que te enderezaste y caminaste, que fuiste a lavarte la cara y que con sólo un movimiento salió agua potable? Y así, mucho más.

Lo que para vos es común para otros, es milagro latente. A veces necesitamos que nos falten para que le quitemos el manto de la costumbre y lo recordemos.

El día de hoy es un regalo para vos y para mí, y no se exagera al decir que desde la eternidad Dios lo tenía preparado. Todo es regalo, todo es don y la verdad que entre comillas “no da” excusarnos con un  “hoy me levanté con el pie izquierdo” y que los demás se la arreglen porque uno también es don de Dios para los demás.

Pero a veces nos pasa, y nos levantamos según cómo nos acostamos por la noche. No son pocas las veces en las que vivimos el día según cómo nos levantamos y nos levantamos según cómo nos acostamos. Y estamos  turbados, de mal humor, porque dormidos mal, porque no pudimos descansar bien.

"Yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vuelve a tu casa" Lc 5, 24

Había un hombre que se había puesto a un costado de la vida, que había dejado inmovilizada sus búsquedas, sus anhelos, sus posibilidades de recibir y de dar. A él Jesús  le dijo “levántate y camina”y también nos lo dice a nosotros: "¡Vamos! ¡Arriba! A levantarse, que hay que desenvolver Mi regalo, que hay que dar el toque con belleza única y original que sólo vos podes darle"

Pidamos a Dios la Gracia de consagrarle cada día, de dedicárselo, de entregarle por las noches aquello que nos preocupa y nos roba el sueño y los sueños. Pidamos un corazón agradecido, porque si estamos es porque Él lo quiere, porque somos amados, porque en todo lo que vivamos hay bendiciones atesoradas. Pidamos por aquellos que han extraviado el sentido de la vida, que no se quieren levantar, aquellos que están sumergidos en alguna depresión y que sin olvidar nuestra fragilidad, seamos instrumentos como los amigos del paralítico, capaces de hacer locuras para llevarlos a Jesús y que vuelvan a tejer pasos.

"Todos quedaron llenos de asombro y glorificaban a Dios,
 diciendo con gran temor: hoy hemos visto cosas maravillosas" 
Lc 5, 26

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