Desplegando el corazón


Responder al llamado de "ayudar" al hermano es un gran paso pero antes de desplegar el corazón y obrar, resulta imprescindible siempre orar, discernir el llamado de Dios y acompañar delicada y humildemente, haciéndonos la idea de que Él tal vez quiera hacer palpable Su Presencia a través nuestro, no porque seamos más fuertes, más experimentados, más sabios sino porque a través de nuestra fragilidad se trasluce aún más Su Rostro de Papá.

Él o ella, está sufriendo, está herido. No necesita imposiciones, ni lo que "funcionó con otros" o que les demos las respuestas del manual.

Así como cada hermano, cada dolor es único y es una escuela dadora de Vida, aunque nuestra pequeñez se resista a creerlo.

Fórmulas como "ya va a pasar" tal vez intenten salir, pero lo cierto es que ahora "está pasando" y basta sólo "estar", pero estar verdaderamente, con "todo de mí" allí y que Dios haga de nuestra presencia un acompañamiento bienaventurado.

Se trata de "tierra sagrada" en la que no se debe entrar abruptamente forzando la tranquera, tranquera que nos recuerda que si nos atrevemos a acercarnos, es para hacernos Uno, es para latir la herida del otro que es mi hermano. Y en espera fecunda, clamarle a Dios que nos sane.

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