Kilómetros de amistad



No es que no importen los kilómetros que nos distancian a diario,
ni que no pispeemos las agujas del reloj
y seamos indiferentes a las hojas del calendario.

¡Sí que cuesta! y muchas veces duele,
y uno se empaca con ésta circunstancia
mientras es ardua la lucha para que la tristeza no se cuele.

Pero Dios no permite que los latidos se estanquen,
y si lo dejamos, ya no nos pisotean las distancias ni los tiempos,
y los lazos de esta amistad por Dios soñada se fortalecen.

Se trata de que vos allí y yo aquí,
aunque a simple vista, en distintas veredas andamos
las recorremos unidos en un mismo latir.

De que estamos a la distancia de una oración,
de que uno vive por lo que late en el otro
y vivimos en un mismo Corazón. 

Una posibilidad distinta 
de estar, sostener y cuidar 
con un Amor en Cruz sin medias tintas.

Y nos resulta inevitable aceptar la invitación,
cuando es el Dios de la Vida Quien nos ha encontrado
en una historia amada en Comunión.

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