Amar es confiar



En el mundo resuena una frase que dice "no confíes en nadie, sólo en Dios"  sin embargo, hay un Espíritu de Vida que avanza y trae otra propuesta refrescando el llamado a tejer lazos de fraternidad, a ser Uno, a latir en comunidad.

Se nos hace irresistible la invitación tan simple como desafiante, siempre acompañada por la Gracia: consiste en confiar primeramente y siempre, en Dios Quien nunca defrauda pero también, en Él y por Él, confiar en el otro que es mi hermano. Confianza construida con los pies en la realidad en cuanto a vivirla no sin contemplar también la humanidad de mi hermano, que es pequeña, débil y frágil que muchas veces se equivoca pero humanidad a la que Dios abraza en sus intentos.  

También somos ése "otro", también somos "hermano" para los demás y más de una vez, como diría San Pablo "no hacemos el bien que queremos, sino el mal que no queremos" (Rom 7, 19). Pero si Dios que sabe mejor que yo todo lo feo que hay en mí,  que sabe el motivo de los días que vivo mal, sigue depositando en mí Su Esperanza, ¿cómo no ser eco de su Fe en nosotros? 

Amar es arriesgarse, es saber que muchas veces saldremos heridos y hasta con el corazón desgarrado pero preferible sufrir por haber amado que por no haberlo hecho. No va con Cristo el amar a cuotas, reservando latidos, sino el amar por entero, confiando lo mejor que me salga, cueste lo que cueste y si llegan lágrimas, habrán valido la pena, porque lo amado no se derrocha, siempre es fecundo y no deja de obrar el Bien en el mundo. El Amor se abre camino, la Vida entra en toda Su amplitud y profundidad y no llega sin FElicidad.

Confiemos en el otro, por algo Dios nos hizo hermanos.

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