Abrazando al niño que fui



A veces en la Vida, tenes una cita con aquél niño que una vez fuiste. Suena raro, incomoda un poco, tal vez bastante. Es extraño que ésto suceda pero sucede, y tu hoy se encuentra con ayer, parece que hay cosas que resolver.

Molesta más, dan ganas de irse y mirar hacia otro lado.

Pero vos niño seguís ahí: ¿cómo permanecer intacto? Así que te acercas tímidamente, de a poco, mirando alrededor, no queres asustarlo ... asustarte.

Lo contemplas y te asombras. 

Ocurre lo inesperado cuando ves lágrimas que recorren su rostro, y a vos el corazón.

Muchas preguntas llegan a tus latidos y angustia e impotencia. Estás enojado.

En Él descubrís  heridas abiertas que hasta hoy te dolían y demolían tu plenitud,

algunas partes de tu ser estaban resquebrajadas y aturdidas de miedos que hacían que no seas bellamente vos,


Pero aceptaste la invitación. Te encontraste con vos, y descubriste que el artífice de éste viaje al ayer ha sido Dios, ves Su mano llevándote con suma delicadeza en el Amor, nada ha sido brusco ni forzado.

Te enteras que en esa circunstancia en el que eras herido Él estuvo, que no estabas sólo, que recogía tus lágrimas y las atesoraba, regando con ellas las alegrías que hoy celebrarás, luego de éste abrazo que ese niño necesitaba aquella vez y que hoy, regalarte podrás.

Y Dios, te sanará.

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