Perdiendo el control


He dejado el control de mi vida fuera del alcance de mi mano.

Allí, bien lejos.

Tal vez te asustes pero sin embargo,
 te invito a alegrarte.

No he perdido el control
 sino que lo he dejado
 porque era yo quien me había extraviado.

Pasaba mis días preocupado,
queriéndolo controlar todo
un todo que siempre me superaba
y recordaba mi pequeñez.

Sea como sea que mis cosas saliesen
olvidaba disfrutar
y así llegaba a la meta cansado, 
sin fuerzas para celebrar.

Con la sonrisa guardada en algún cajón, 
mis puños apretados a los costados
y la mirada desorientada,
así descarrilaba yo.

Dejé el control de mi vida,
mis pasos que vendrán,
pero no lo he dejado por ahí tirado,
se lo he dado a Dios.

Me he puesto en Sus manos.

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