Para aquellos pasos que cuestan dar


Dios, aún no me atrevo a dar el paso,
hasta confieso que andaba en puntitas de pie,
silbando bajito,
para que no Te dieras cuenta
pero ¡qué sonsera la mía:
si estás siempre alentándome!

Nada de mí se te escapa y 
no hay forma de ganarte jugando a las escondidas;
donde me escondo allí estás,
habitando mi soledad.

Tantas veces me ha llegado la invitación
pero he dejado el sobre sin abrir,
y cuando al fin parecía que la valentía conquistaba mis pasos,
unos fantasmas se asomaban y replegaba mi decisión.

Una y otra vez me enseñas que el coraje no reside en mis fuerzas,
sino en la confianza plena en Tu voluntad,
en la bienaventuranza que abraza mi pequeñez.

Como dijiste,
sin Vos nada puedo hacer,
dejame posar mis pies sobre los tuyos y
jugando descubrir que en Tus huellas
allí ya diste el paso que me pides hoy.

Amén

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