Prefiero llenarme de Dios


Hace un par de semanas, en el trabajo en la librería pquial., me llama la atención una señora que se asoma y contempla la vidriera, en ese momento lleno de pesebres. Estuvo bastante rato así hasta que en un encuentro de miradas ella, sin pronunciar palabras y señalando la puerta, me pregunta: ¿está abierto? ¡Claro, que sí!, le respondí mientras asentía con la cabeza.

Busqué la llave y me dirigí hacia la puerta. Mientras fui caminando con la llave hacia la puerta, observo que la señora mira hacia su costado y le dice a alguien “sí, está abierto”.  Y aquí es donde descubro que esa pregunta no era para ella sino para alguien que por el ángulo en el que estaba, justo quedaba oculto detrás de una pared y yo no podía verlo.

Sorpresa me llevé cuando descubrí que aquella persona era un hombre de la calle, al que muchas veces lo había visto no en buenas condiciones ni con buena junta, ni en buenas situaciones, ni con buenas reacciones.

En esas milésimas de segundos yo miraba a la señora con cara de “el sí era para ud, no para él” y la señora sólo se sonreía sin darse cuenta, creo yo, de lo que pasaba. Bueno, pero ya estaba jugada, estaba a dos metros de la puerta con la llave en la mano, no daba volver atrás y atenderlo con la reja entremedio así que, fui y le abrí.

En eso que le abro, me vengo sigilosamente hacia atrás pensando en qué haría si pasase algo  hasta que él me hace una pregunta: “¿cuánto cuesta una Biblia?

Una vez más, me descolocó y  buscando una de ellas, le digo el precio que confieso se lo dije con cierta dejadez, como diciendo “me está preguntando por preguntar”. Y para mayor asombro mío, sacó un folio y de allí el dinero a la vez que dice, “la quiero”.

Simultáneamente cuando saca el dinero se desliza un papelito del folio y me acotó: “mira es un presupuesto que pedí recién en una ferretería, para comprar unos colgantes y así poder hacer una casita  pero no, sino no me alcanza para comer. Aún así, prefiero la Biblia: una vez tuve una pero la perdí: “prefiero llenarme de Dios y no de cosas que vacían y pasan

A la señora nunca más la ví pero sí Dios en oración, me permitió descubrir en ella a Mamá María: si no hubiese sido por ella, no le hubiese abierto la puerta a él, si no fuese por Ella no le hubiese abierto las puertas de mi vida a Jesús. Ella sólo dijo "sí".

Abrirle las puertas a Jesús, quitar todas las trabas, cerrojos es en realidad, dejarse alcanzar por la Vida en Abundancia.

Mi nuevo amigo se llama Carlitos. 

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