No lo siento a Dios


Que a veces no lo sintamos, no significa que no esté sino que hay que darle protagonismo a nuestra Fe.

Acordate cuando eras un niño y estabas jugando sólo en el patio de casa. Estabas enfocado solamente en jugar, nada más te importaba que no fuese lo que tenías entre tus manos. Pero, ¿cómo es posible si eras sólo un niño? ¿No tenías miedo?. No, no lo tenías porque sabías que aunque tal vez no vieses a tu mamá, papá o ser querido en tu misma baldosa, sabías que te estaba cuidando con su mirada, pispeando tal vez desde la ventana de la cocina, de la habitación o del garage. Que no lo vieses no significaba que no estuviese. Confiabas.

Así que aunque no lo sintamos, sigamos jugando...Él está cuidándonos porque el que ama siempre vela por aquello que ama. Suena redundante, que valga nuevamente...

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