El sabor de la nuez


Para poder disfrutar, saborear, gustar del fruto de la nuez es necesario romper el cascarón. Para ello nos valemos de distintos métodos de los más originales por cierto, como el martillo, una piedra o puerta.

Podemos nosotros asemejarnos a ello: el fruto sería ese Sueño que Dios plasmó en nuestra intimidad y que espera ser descubierto, vivido, celebrado y compartido. Tal vez hubo un tiempo en el que ese cascarón servía para resguardar y custodiar el tesoro pero ahora ya es otro tiempo, el de nacer sabiéndose concebido ya en Dios.

No nos asustemos que si hay algo que Dios no es, es ser brusco; no nos invitará a correr si aún no hemos aprendido a caminar, es decir, El nos va llevando con suma delicadeza y ternura despojando el Sueño de todo lo que lo asfixia.

Es necesario enterarnos de una novedad: si reunimos dos nueces y las aprisionamos juntas con nuestras manos, resultan las dos abiertas en plenitud.

Vos, mi querido hermano no serías esa otra nuez sino que SOS esa nuez de la cual se vale para darle Vida a Sus Sueños en mí y los dos permanecemos aquí, en las manos de Dios.

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