Desempolvadores de Sueños


Esto de andar a las corridas y no siempre porque llegamos tarde sino ya por un estilo de vida, es un escena que se nos repite casi a diario. Tal vez entre tantos paisajes moviéndose rápidamente, vamos "manoteando" antes de salir justamente, lo que tenemos "a mano": las llaves, el celular, el bolso. Y se nos van desdibujando los Sueños y van ocupando su lugar las preocupaciones, los quehaceres no hechos, lo que no resultó como queríamos. Bien viene preguntarse de vez en vez: ¿cuáles eran mis Sueños? ¿eran o son? ¿qué pasó con ellos? ¿por qué hago lo que hago? ¿por quién o Quién?. 

Sucede que a algunos los hemos archivado y permanecen impecablemente intactos; señal que hace mucho que nos les echamos un vistazo o mejor dicho, no nos dejamos interpelar por ellos. Otros, los encajonamos directamente ¡son demasiado! rozan lo imposible y son incompatibles con nuestro hoy, mejor si no molestan a la vista del corazón. Pero aún hay algunos sueños que han ido a parar arriba de algún estante, se resisten a ocultarse; es que existen para ser vividos y celebrados. Puede que éstos últimos, ya hayan sido cubiertos por el polvillo pero siguen ahí, permaneciendo y aguardando el tiempo de ser realidad.


Y lo que me trae hasta aquí son los que llamo "Desempolvadores de Sueños"; seguro los conoces, hay varios de ellos embelleciendo tus pasos. Se trata de aquellos hermanos y amigos que en medio de tanto revuelo diario quitan el polvo a tus Sueños mostrándote que no han envejecido, que es sólo cuestión de hacerlos andar con Fe. Ellos nos invitan con su presencia, miradas, testimonios a la transcendencia más íntima de nuestro hoy, reencienden nuestros latidos y vuelve aquél brillo a nuestros ojos que habíamos perdido rescatandonos de segundos vividos sin sentido.

Claro, cuando nos dejamos despertar por los Sueños se nos sacude la Vida, los pasos vuelven a "hacer foco" en el horizonte que los cautiva y ante tanto vértigo nos pueden venir a visitar los miedos, las inseguridades; pero así a veces seamos como Tomas que necesitemos ver y tocar para creer, o Pedro que se deja asustar por su alrededor cuando Jesús le invita a caminar sobre las aguas o aquella Magdalena que ya con la piedra del sepulcro corrida seguía aún llorando, no nos preocupemos que Dios está presente en los Desempolvadores de Sueños que nos hacen volar pero no hacia afuera sino hacia dentro, hacia la esencia misma, esa Verdad que nos revela que nacimos para ser FElices. Así que si vienen esos Goliats, que lean el cartel que reza "Aquí ya no hay lugar" y si nos volvemos a las corridas, tengamos siempre a mano los sueños, que sean los que nos muevan a salir.

P/d: ¡¿Cómo no creer en los Sueños si yo mism@ lo soy?! Sino, pregúntenle a Dios...

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