El timón de mi vida

Entregarte el timón Dios,
y que allí se vaya mi vano
deseo de controlar la inmensidad.

Me asusta lo que no alcanzo a ver,
no puedo con ningún todo y
la más minúscula tormenta
sobrepasa mi débil fuerza.

Me descubro pequeño y frágil
como un barquito de papel,
y a la vez, felizmente vulnerable a Tu Obrar.

Aunque yo puede que aún esté temblando,
tiraremos el ancla.

Pensarán que con ello,
nos hemos quedado y rendido,
que permaneceremos inmóviles
esperando desfallecer.
Pero en realidad,
estarás tocando y con ello
sanando, purificando,
habitando la profundidad de mi interior.



Levantaremos la vela,
aprovecharemos los vientos,
y navegaremos a puertos seguros.

Tu invitación cautiva mi querer.

Tal vez algunos paisajes sean desconocidos
pero no extraños,
si vas conmigo no hay nada que temer.

Llamarán a nuestra barca "Bienaventurado",
sí, bienaventurado...

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