Un Dios personal

No se trata de que yo lo abaje y adecue a mis gustos.
No. Él ya se "abajó. Se agachó tanto como para que yo pudiera ir sobre Sus hombros.
No importaba si lo embarraba o lo llenaba de arena y bueno, despeinado siempre lo dejo.



Se trata de un Dios que ama tanto y 
más que "tanto" me ama sin cantidades, sin límites: Jesús. 

Tan apasionado es Su Amor que me habla en mi mismo lenguaje. 

¡Espera! Detengámonos ahí: ¡Dios me habla! Sí, a través de todo y todos. 

¿En qué estaba? Ah, ¡sí! En que Dios me habla en mi mismo idioma. ¡Qué guau!
Él sabe qué me atrae, qué me gusta, qué me hace sonreír. 

Lo sabe y lo hace.

Y yo me sonrío, ante mi Dios con nariz roja.

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