Saberse esperado

¿Nos movemos mucho durante el día, no? Vamos y venimos, subimos, entramos, permanecemos y volvemos a partir. Durante el día llegamos a muchos sitios: trabajo, facultad, supermercado, banco, casa.

Pero hay un detalle que nos hace "llegar distinto" y me refiero a cuando lo hacemos con un plus de alegría, con ansias de "ya estar allí" que no sucede con los otros lugares. 

Se trata de la felicidad de saberse "esperado", con el único interés que el fraterno. Es decir, aquí el que te espera es su corazón. Por ejemplo, si llegas a la casa de tu amig@ seguramente ya tendrá a punto el agua pa´l mate y tal vez tenga esos bizcochitos que tanto te gustan. Pequeños grandes detalles que nos dicen mucho y ensanchan el corazón.

"Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios".
El Principito 


Me encanta éste escrito, pero me gustaría invitarlo a Saint-Exupéry a dejarse sorprender en la vida por la Vida en Abundancia que nos llega muchas veces sin avisar. Ello nos "empujará" a buscar permanentemente tener el corazón preparado para el encuentro. 

Esperar es estar atento a la llegada, 
es preparar el corazón, 
es disponerlo todo para el encuentro,
es ya ser feliz sabiendo que vendrá.

Pero sólo se forja ese encuentro cuando se "sale" y se "deja" encontrar.

Cada día "sabete" esperado por Dios y ello te hará "llegar distinto" a cada sitio porque no hay lugar donde Él no esté 

P/D: ¡te espero! Pero si no llego salí a encontrarme...

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