Hombros cotidianos

Tengo días que no son buenos, 
en los que todo se me hace cuesta arriba
y el cansancio manda a llamar a la impaciencia;
en los que me molesta el menor error
y la queja se transforma en mi forma de expresar.

Puede que ni te salude como esperarías
y hasta te cierre la puerta cuando quieras compartir.

Hay veces en las que te miro pero sin contemplarte
y no me doy cuenta que me necesitas
o si llegas no dejo de pispear el reloj de las preocupaciones.

Veces en las que no me descalzo para entrar en tu corazón
y no te cuido, y descuido la ternura en los gestos.


Tengo días buenos y no tan buenos,
pero en cada uno de ellos,
te quiero.

Gracias por escucharme aunque no te hable,
por permanecer aunque te aleje,
por amarme aún en mi debilidad.

Ya estoy volviendo 
y sé donde ir,
porque con tu vida me recordaste
que "El amor todo lo disculpa,
todo lo cree, todo lo espera,
todo lo soporta. 
El amor no pasará jamás".
Porque estamos construidos
en Cristo.

Comentarios

  1. Dice Jesús: venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados...

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