Crónica de un corazón desbordado



Creo que esta semana fueron los días que más necesité compartir lo que me pasaba por dentro. Por dentro y por fuera, porque estaba realmente sobrepasada y aún lo sigo estando. 

Me descubría completamente desbordada de gozo y con el corazón al descubierto ante tanta bendición, ante toda la bendición del Amor de Dios plasmado ahora y soñado desde siempre.

¡¿Qué podía yo hacer sino alabarlo? Así que mi acción de gracias tomaba forma de palabras, silencios, lágrimas, gritos, sonrisas, carcajadas y hasta incluso correr para salir al encuentro del abrazo de mis hermanos. 

"¡Es muy fuerte, es muy fuerte!" "¡Gracias, gracias, gracias!" y "¡Gloria a Dios!" tal vez hayan sido las frases que más expresé y las cuales me hacían Felizmente redundante. Confieso que varias fueron las veces en las que dejaba frases sin terminar porque era tan grande el latir que el silencio irrumpía sin pedir permiso y me invitaba a la contemplación de las maravillas del obrar de Dios. 

Repito, fueron y siguen siendo los días que más necesito compartir este abrazo de Dios que llega a cada rincón de mi, llenándolo de Vida en abundancia. Y no se puede esconder ni guardar, ¡le urge comunicarse!

Claro, el mejor "¡¡¡Gracias!!!"era para mí el Milagro Eucarístico: ¡la llama para no apagarse necesita estar cerca del Fuego!

Un hombre de mi tierra ha sido llamado por Dios para ser de todos para todos en Él, para Él. Ya lo era, sólo que la humanidad ahora se está enterando. Su nombre ahora es Francisco y es mi amigo.

Creo que podría seguir escribiendo cientos de palabras más, pero ninguna alcanzaría a abarcarlo todo. Siento que todo se queda a pie. Tal vez porque hasta las palabras están desbordadas por el Amor.

No sé qué más decir. Dios una vez más, me ha dejado sin palabras y con el corazón emocionado...

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