Son santos mis amigos

"Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto,
 a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad"
Santa Teresita del Niño Jesús

Cada día recibo del Cielo un aliento muy fuerte, algo así como una hinchada que no afloja nunca y que me impulsa a ser parte de la Escuela de la Santidad . ¿Santidad? ¡Aja! A buscar, seguir, perseverar, esperar, regresar cuando me fuí, a volver a intentar, perdonar, recibir, amar.

Cuando salen a mi encuentro y los comienzo a conocer, no puedo más que empaparme con tanta Esperanza. Sus testimonios se actualizan en mis días y me recuerdan que el Nazareno está ahí, donde yo esté. Y Él ya ha triunfado.

Son muchas sus voces, pero se distinguen entre sí. Toda la riqueza de la creatividad de Dios en ellos. Se los llama santos y lo son. Se descubrieron amados por Dios de manera única y personal y con radicalidad, se sumaron a la aventura de responder a ése Amor. Lo hicieron viviendo con pasión el Evangelio en sus vidas tan distintas entre sí en épocas, desafíos, historias de vida, pero todas abrazadas por el mismo Amor.


Pasaron por distintos paisajes de los que enamoran, de los que duelen, de los que asustan, de los que preguntan, de los que atraen. Pero en todos éstos, descubrieron el pincel de Dios que los custodiaba, guiaba, amaba por entero en cada trama. ¡Cuántas frases y anécdotas de ellos están arraigados en nuestros corazones!

¡Valientes mis amigos! Porque se hicieron eco del Sí de María y así Dios realizó en ellos la Obra para la que había sido creados, Obra cuyo nombre podría llamarse Felicidad.

Pero también tengo un gran plus en el peregrinar, tengo amigos que se las juegan cada día para ser santos con la Gracia de Dios, que aspiran a la santidad en lo desafiante de lo cotidiano. Intentan, van, se levantan, buscan la Voluntad de Dios, oran, dan sin peros, se dan y tanto más pero sobre todo, me comparten el Cielo que ya se puede ver en ellos.

Ellos son mis amigos santos, ellos son los faros que me alumbran en el Camino que más deslumbra: el de la Santidad.

Sean perfectos como Su Padre celestial es perfecto
Mt 5,48

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