Que ninguno quede afuera


Fácil sería si sólo me rodeo de personas que me quieran, que estén de acuerdo todo el tiempo conmigo, que estemos siempre en la misma sintonía. Pero ¿dónde está el desafío?, ¿dónde está el verdadero Amor, ése que se las juega aunque a veces duela? y ¿el vacío de tanta comodidad cuando sólo me reúno con los que simpatizo?

No le caeré bien a todo el mundo, ni todo el mundo estará a mi gusto. No se trata de pedir sino de recibir. Porque así son las personas, todas distintas, todas con una belleza en particular que ya se ve o que espera ser descubierta.

Cada uno es diferente pero en todos estoy llamad@ a amarlos. Todos, sin que ninguno quede afuera. 

Tengo la certeza que si logramos traspasar esa barrera que construimos cuando algo no nos "cierra", molesta o nos "choca" de alguien, encontraremos más puentes que nos unen que diferencias que nos alejen porque así es el Amor cuando da paso a la compresión, a la paciencia, a la esperanza.

Nací para ser anuncio del Evangelio, en palabras, silencios, escucha, pasos, miradas, acciones y latidos para todos, en todo lugar. Si hay alguna molestia será que detrás de ella Dios me invita a crecer, a dar un paso o a dejar que Él dé un paso de Vida en mi vida. 

Nací para amar no por cuánto me amen, sino para amarlos por quiénes ellos son y son mis hermanos y en sus rostros está el de Cristo invitándome a peregrinar juntos...

Como Yo los he amado, así también ámense los unos a los otros. Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son discípulos míos.
Juan 13, 34-35


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