No arrancaba


Era un día normal, aunque nuevo y distinto. Estaba haciendo mis tareas de siempre cuando un ruido insistente acaparó mi atención. Observé a un joven intentando arrancar su moto una y otra vez, pero no había caso. Se lo notaba preocupado, seguramente su trabajo lo esperaba. Aparentemente su día no había "arrancado" de la forma que uno elegiría. 
Luego de ser testigo de ésta escena, sentí un susurro que se hizo invitación: ¿y si rezo un Ave María por él?¿Por qué no? Lo hice. Después, continué haciendo mis responsabilidades cuando segundos más tarde levanté nuevamente mis ojos y ví que la moto ya había arrancado.
Algunos dirán casualidad o suerte yo sé que es Fe.

¿La Madre sabe mucho de mecánica no creen? Algo parecido ocurrió también pero en éste caso con una llave atascada en la cerradura. Se había trabado y no giraba y los nervios estaban llegando en mis amigos pero me vino "la invitación" así que interiormente recé un Ave María y  la llave al fin salió facilmente. También con un lavarropas que andaba defectuosamente y con un virus en la computadora.

Sí, parece cómico pensar que la Madre interceda por nosotros incluso en dichos "problemas" de lo cotidiano. Pero Ella es justamente, Madre y mejor que nadie está atenta a todo. Y aunque sean dificultades que tal vez no tengan tanta importancia como otras, muchas veces la urgencia por solucionarlas nos quita la paz y el día se nos va desmoronando. En lo simple de la vida se nos juega la santidad. Pensemos cuando nos quedamos sin hojas para imprimir el trabajo práctico, cuando perdimos el colectivo, cuando llegamos tarde y así, decenas de ejemplos más: ¿cómo reaccionamos? ¿cómo lo vivimos?

Nunca mejor dicha la frase que he escuchado varias veces: ¡Ave María y adelante!


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