Susurro al oído




Dios no es una flor, ni una mariposa, ni una montaña, ni un atardecer, ni aquél rayo de Sol que se cuela entre las nubes. Dios es mucho más, Dios Es. Sin embargo, Él se vale de la flor, de la mariposa, de la montaña, del atardecer y de ése rayo de Sol para llegar, acercarse y susurrarte al oído de tu alma.
Se trata de que toda la creación guarda el perfume de Su Creador, siempre. Y en cada detalle está Su Amor llegando, ahí "chistándonos" para que no se nos pase de largo, para que no nos distraigamos en lo que no vale la pena.

El Amor es siempre novedad, es siempre nuevo aunque nunca cambia. Suena contradictorio, pero en mi pobreza, me atrevo a decir que así es Dios; Dios que en realidad, no podemos encuadrar en ninguna lógica porque no se puede justamente enmarcar, limitar al que Es Eterno. Y en el Amor siempre llegando, somos nosotros los que vamos descubriéndolo y al mismo tiempo, vamos conociendo el "adentro" nuestro. Sucede que cuando más permitimos que Dios se acerque, más nos vamos acercando hacia nuestra plenitud.

Retomando el principio, aunque Dios no es una flor, todo nos habla de Dios, todo es Presencia, es un abrazo constante que se escucha, se ve, se huele, se palpa en toda la Creación, mucho más aún en nuestros hermanos.

Ya habrás deducido que lo que Él te susurra al oído de tu corazón es un eterno...  mmm ¿sabés qué? mejor escuchalo vos mismo...                    


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