Peregrinos del día a día



Muchas veces compartimos acerca de que ésta vida es una apasionante Peregrinación. Estamos de paso, y vamos caminando en busca de más. Corazón inquieto diría nuestro amigo San Agustín. ¡Dios nos conserve siempre un corazón inquieto, que se arriesgue, que no se conforme sino que se lance por más! Pero sólo puede resistir tanto aquél que se deja abrazar por la Vida, que sabe disfrutar del Camino, que es agradecido, que sabe dónde y en Quién descansar.

Muchos son los paisajes que nos encuentran, también los vientos fríos y las sequías que se van. Hay pendientes profundas y subidas empinadas que nos exigen un esfuerzo más. Hay soledades silenciosas que hablan y hermanos que se nos suman a nuestro peregrinar. Aunque esas soledades son aparentes, porque jamás andamos solos: Dios va con nosotros. 
A veces llegan algunas lastimaduras que nos traen preguntas pero también certezas de Fe en un Amor que nos sana. En cada paso se nos enseña a elegir y tomamos decisiones que marcan nuestro rumbo como el ir soltando cargas que nos retrasan o hacen más duro el trayecto.
El Camino a veces nos invita a saltar y tenemos que confiar o nos quedamos. Incluso no son pocas las veces en que querríamos volver atrás y tener un vida "común", estar cómodos, sin sobresaltos pero en el fondo sabemos que nuestro corazón fue creado para más. Así que vamos luchando, andando, moviendo toda la Vida que necesita despertarse en nosotros.

Ahora bien, la pregunta que surge es: si concebimos la vida como una desafiante Peregrinación, ¿vivimos el día a día, un día por vez como si salimos de Peregrinación? ¿qué es lo que llevamos como alimento para el Camino? ¿cuál es nuestro mapa o brújula? ¿tenemos el corazón abierto para recibir y darnos a nuestros hermanos peregrinos? ¿dónde encuentro fortaleza? ¿cuál es mi lugar de descanso?¿cuál es mi bastón? Me pregunto y sigo orando ....

" reconociendo que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Los que hablan así demuestran claramente que buscan una patria; y si hubieran pensando en aquella de la que habían salido, habrían tenido oportunidad de regresar. Pero aspiraban a una patria mejor, nada mejor que la celestial. Por eso, Dios no se avergüenza de llamarse "su Dios" y, de hecho, les ha preparado una Ciudad" Heb 11, 13-16


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