Calles de Esperanza


Faltaban unas pocas horas para cumplir un nuevo año de Vida.

Como casi todas las noches, esperaba el colectivo en una de las esquinas, frente a una plaza.
La noche estaba extraña, era distinta, yo lo estaba también. Los vientos eran cálidos y húmedos, el Cielo tenía pinceladas rojas y yo ahí, contemplando, esperando, tratando de descubrir lo que no sabía.

Llegó el colectivo, subí y de repente unas risas me dieron la bienvenida. Fue inevitable buscar con la mirada a quiénes eran sus autores. Elegí mi asiento, y los encontré. Eran tres hombres "de la Calle", de unos 70 años tal vez. Estaban abrigados, pero con ropa desgastada con mucho camino hecho. Como te imaginarás, no había combinación de colores porque aquí la única combinación era la alegría. Sí, así es. Alegría que conquistaba todo el colectivo ante la mirada atónita y a veces incomprensible de varios.

La Alegría estaba ahí, en hombres que cada día luchan por vivir, que peregrinan buscando un techo y que mendigan para tener algo calentito para comer y así afrontar el frío que los encuentra durmiendo en camas de cartón.

Sin embargo, ¡ellos son tan ricos! Poseen tanta calle, tanta "Calle" llena de milagros.Tienen un corazón que no se valúa en ninguna moneda, y es que se trata de un corazón inflado en Esperanza. Un corazón sencillo que descubre lo grande que se esconde en los detalles del día a día. Un corazón humilde que no teme pedir ayuda. Un corazón libre que no se ata a los prejuicios o abandonos. Un corazón que se levanta a pesar de los golpes. Un corazón que sigue creyendo en que todo irá mejor. Un corazón capaz de dar una alegría tan grande que llene de Vida a quién tiene el privilegio de ser testigo. Y yo, yo soy una privilegiada...

Comentarios

  1. Querida Luz, qué preciosa reflexión. Te pongo un poema de Gloria Fuertes -que también puse en mi blog- que viene al caso:

    "Hoy me entristecen otros pobres.
    Dan pena los mendigos,
    los mendigos de letras,
    los mendigos de dudas,
    los mendigos de ciencia,
    esos sí que dan pena.
    Los que no tienen nada duermen a pierna suelta, en un banco,
    en el puente,
    beben en la taberna,
    dicen “Dios se lo pague!”,
    se rascan una pierna,
    se comen un tomate
    y parecen profetas.
    Mendigo es el que dice:
    “Y si Dios no existiera”?

    ResponderEliminar
  2. Wow Teresa qué bellooo!! Gracias por compartirlo, por compartirte!!! Un abrazo grandeeee en Él!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

¡Gracias por compartir tu encuentro!