Esos grandes días



¿Te acordás de ese día en el te fuiste a descansar con una sonrisa gigante? Pensá en las miradas, encuentros, esfuerzos y luchas, abrazos, silencios y canciones. ¡Qué fuerte latía tu corazón! ¡Tanta Vida contagiabas! ¡Tanto fuego encendido!

Era un día distinto, vos no eras el mismo. No lograbas comprenderlo todo, pero sí sentías que estabas creciendo. La razón de ésa alegría inigualable tal vez, no haya sido que todo salió como planeabas, hasta ni siquiera que salió todo de maravillas sino de que el Pincel de ésa sonrisa haya sido que tu esperanza y gozo no dependieron de las circunstancias ni de los aconteceres, sino de que habías asumido que vos eras el protagonista de la historia de ése día y que éste no se podía escapar por preocupaciones, problemas o dudas. ¡Elegiste vivir y ser FEliz! Y fuiste, y te mandaste, y llegaste... llegaste a exprimir todo el jugo a cada minuto.

Seguramente, en un tramo te cansaste, pero nada importaba porque sabías que cada paso de ése día tendría ecos de eternidad, no eran en vano, eran pasos de vuelo. Tenías la certeza de llegar.

¡Impresionante día que no se debe olvidar! Guardálo, pero no lo archives. Ponélo en un lugar privilegiado, en el cofre tu corazón y tenelo ahí, latiendo siempre. Traélo cada vez que tu mirada se torne preocupada, que tus pasos no sepan dónde ir o que el miedo a perder o sufrir quiera tomar lugar.

¡No te quedes! ¡Movéte! La Vida es ahora y ahora es el tiempo. Traélo, revivílo, hacélo Vida, si pudiste aquella vez, ésta vez también podrás porque no estás sólo en el ring, hay Alguien que siempre es fiel y está   con vos sea como sea que estés viviendo tu día, esperando que elijas ser FEliz....


Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Lc 2, 19




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