¿Me ayudas a cruzar?



Era un día de sol con alguna que otra nubecita. Ya era mediodía y luego de la Eucaristía Dominical regresaba con profundo gozo y paz a mi hogar. Iba caminando como siempre, pero a la vez siempre con novedad porque era un nuevo día y la vida se me había regalado otra vez de manera irrepetible.

En ésta oportunidad, tomé por un camino distinto. Doblé en una esquina y mientras seguía mi tranquilo andar, una abuelita me detuvo y preguntó si podría ayudarla a cruzar la calle. ¡Claro! le dije, cambió su bastón de lado, mientras yo me transformaba en su sostén. Fueron segundos, pequeños grandes segundos.
"Siempre espero algún alma generosa que me ayude a cruzar" me compartió, acompañada de una tierna sonrisa. Llegamos, nos despedimos y mutuamente nos regalamos la bendición de Dios.

Seguí caminando, con una alegría en el alma de que Jesús me había ayudado a mi a cruzar la calle, que Su sonrisa me había acariciado el alma.
Mientras meditaba sobre lo sucedido, pensaba en que así como ésta abuelita muchas personas, muchos hermanos nuestros conocidos o no, están ahí, en la vereda, aguardando, esperando con paciencia y Fe que alguien los ayude a cruzar, a ir, a crecer, a luchar, a ir por más, a amar. Y dentro de ésta misión tan magnífica como todo lo que es de Dios, encuentro que cuando detenemos nuestro andar para ser el "bastón" de nuestro hermano, en realidad, no nos estamos "deteniendo" en nuestro caminar, por el contrario estamos Viviendo el Camino: Jesús mismo que nos espera y sale al encuentro para que sonriamos juntos...


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