Correr hacia Jesús


Jesús es tan apasionado en Su Amor eterno que siempre esta viniendo, aunque en realidad nunca se aparta ni siquiera un centímetro. 

Cada vez que llega siempre trae Cosas Nuevas, siendo Él mismo la Buena Noticia. Y cuando percibimos Sus pasos, se mueve todo y ése todo es invitado a latir según Su Corazón.

Qué bueno sería pedirle la Gracia de estar siempre atentos a Su llegada, a que Su Gracia no "pase" sin que nos demos cuenta y así poder invitarlo a nuestra casa, a que habite en nuestra alma.

Que cuando Lo veamos pasar, corramos hacia Él porque sabemos que es Jesús todo lo que nuestra vida necesita: todo. Y ¿cómo corremos?. ¡Claro! Corremos dejándonos que Él sea el que nos alcance, abriendo nuestro corazón de par en par a través de la Eucaristía, la Palabra, nuestros hermanos, la oración.

Lo sabemos, hay veces en las que estamos llenos de actividades, en las que hay mucho ruido, en las que estamos con muchas preocupaciones o simplemente estamos distraídos. Ésos son nuestros "no hay lugar" y ahí con la certeza puesta en Dios, es cuando somos llamados a ser fieles, a perseverar, a luchar por mantenernos vivos en Él, para que Él sea quién viva con y en nosotros.

Y cuando corremos, cuando Él nos alcanza trae paz, perdón, gozo, liberación, descanso y tanto más que nos hace "tomar nuestra camilla", levantarnos y "salir" siendo testigos de Su Obra en nosotros, maravillando a los que salen a nuestro encuentro.

Que cuando nuestros hermanos salgan a nuestro encuentro, encuentren a Jesús...

Un abrazo en Mamá María peregrino!!!

Dios te bendice...


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