Joven de las Bienaventuranzas


Y hoy nos encontramos nuevamente a Jesús entre la multitud. Él "los ve" y sube a la montaña, podríamos pensar que para ver la vida con Sus ojos necesitamos "subir", elevar la mirada de nuestro corazón.
Si prestamos atención, la clave de toda felicidad se halla en la misma palabra: la felicidad empieza con FE..., luego de caminar continúa con un SÍ (va con "c" pero creo podemos permitirnos éste error ortográfico ;) y se plenifica con un DAD, con una entrega total a nuestra misión.
Cuando el alma se deja abrazar totalmente por el amor de Dios, es tan fuerte el ardor que lo motiva que ama pero no esperando la recompensa como una especie de negocio, sino que ama por el amor mismo y Dios es ése amor.

Sin embargo, aquí Jesucristo consuela y anima nuestros corazones sedientos de amar y "hace nuevas todas las cosas" (Apoc. 21,5) dando Vida donde aparentemente no tendría que latir. Nos presenta Sus promesas ante nuestra fidelidad y dichas Promesas no es nada menos que nuestra plenitud, que nuestra ansiada Felicidad.

¿Y cómo no inflar nuestro corazón con Sus Palabras llenas de eternidad, llenas de un Cielo que nos espera?

Así que vivamos al compás de las bienaventuranzas, rezándolas una por una, encontrándonos en ellas. Y cada vez que las lágrimas, las heridas, el aparente fracaso o la desilusión o tanto más nos visiten expulsemos toda tristeza con la fuerza del corazón que cree y espera en las Promesas de Dios: ¡Somos jóvenes de las Bienaventuranzas! ¡Sigue amando, lucha, confía, espera!




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