Rostro iluminado

"Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza.  
Todo ser que alienta alabe al Señor "(Sal 150, 2; 6)


Estábamos en la Fiesta de la Virgen, ya era una larga y bella jornada llena de bendición. Alpargatas, mates, abrazos, pañuelos, peregrinos, aplausos, Rosarios, mucho viento, campo, la risa de niños; ¡así tan hermoso era el paisaje!

No faltaba mucho para irnos, estábamos agotados pero contentos ante tanto abrazo que nos había sido regalado.

Pero estaba llegando uno de Sus grandes detalles.
Se acerca una señora de unos 70 años junto con una joven que resultó ser su hija. Comenzamos a compartir y noto que no abría sus ojos: se había quedado ciega; su hija era el bastón, eran los ojos que la ayudaban a en la Vida a andar. 

Me llegó profundo verla girar su cabecita ante cualquier diálogo en el entorno, preguntándose tal vez si "le hablaban a ella".
¡Tan fuerte fue ser testigo de cómo se enlazaban madre e hija en idas y vueltas de palabras, de abrazos, de manos unidas en la esencia del Amor!

Aquí va el detalle de Cielo.
Ya los peregrinos comenzaron a emprender el regreso mientras a mis espaldas, comenzaba el atardecer (paisaje que amo contemplar). Los colores del Cielo iban cambiando, las aves jugaban en el Cielo, mientras los horneros encima de la Cruz buscaban su hogar.
Todo ello en cuestión de segundos. ¡Cuánto de eternidad hay aquí!

 

Cuando vuelvo mi mirada a la señora, veo que el Sol a medida que se iba a descansar, se levantaba sobre su rostro. Aquí me detengo, aquí contemplo, aquí elevo mis alabanzas al Creador. Ella lo sabía, ella lo sentía, porque sus ojos se abrian de par en par. Estaba recibiendo Vida a través de los que para nosotros eran los últimos rayos de luz del día. para ella eran un renacer en la esperanza.

Estaba recibiendo Vida para ser ella ahora ése Sol que lleve calor, luz, VIDA... a mí, a mí me La dió...

"...ilumine Su rostro sobre nosotros" (Sal 66, 2)


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