La Hamaca de la Vida


Despertando al niño que descansaba en mis latidos, me subí a una hamaca. Allí subieron conmigo todos mis anhelos y sueños dispuestos a seguir creciendo y madurando.
En primera instancia fui hacia atrás mirando el paisaje recorrido para así tomar envión y fuerza.
Me lancé: al principio el vuelo fue tímido pero cada vez fuimos llegando más alto.
Mis manos abrazaban fuertemente la cadena que sostenía la hamaca, pero mi corazón en éste abandono en confianza estaba bien suelto, libre a sus latidos.
Y en cada intento podía ver algo distinto a veces unos árboles, otros una mariposa danzando con la brisa. ¡Qué bella sensación dejar que la brisa me acaricie y despeine!
Pero lo que más me encantaba era pensar en que para llegar a lo más Alto antes, venía sencillamente desde abajo, con la fuerza de todo lo recorrido y aprendido. Luego de un buen tiempo, me bajé del juego para subir a la Hamaca de la Vida para ir por Sus Sueños que me llevarán al Cielo... ¡Sí!, y el Cielo estaba ahí, acaparando todo de mis ojos... ¡del corazón!


Comentarios

  1. Muy Lindo Luz!! Arriba en lo alto llevá ese corazón! Mariano

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